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La vaca lechera muuu!!

La primera vez que conocí a mi angelito number one se me derritió literalmente el corazón que no cabía tanta felicidad en mi cuerpo caribeño, lo miré e instintivamente le ofrecí mi teta si hubiera podido creo que hasta las hubiera envuelto en papel de regalo, inmediatamente abrió su pequeña boquita y empezó a succionarme, era raro, placentero, tierno y sentía que tenía el mundo en mis manos hasta que pasó unos días y mis senos se convirtieron en piedras estaban tan duras que podía romper un coco con ellas, encima las tenía como brasa roja y me dolían horrores al parecer mi dulce bebé no cogía bien el pezón por lo que no succionaba bien y por eso para adicionar a mi tormento los tenía con unas grietas mismo volcán; cada vez que mi pequeño tenía hambre yo lloraba junto con él lo que sucedía cada dos horas y encima mi gordo no tenía fondo por lo que podía pasar más de 40 minutos en cada teta, no tenía asesoría más que de mi mamá y mi suegra que me ponían compresas de agua caliente, las peinaban para destapar las enormes bolas que obstruían mis desconocidos hasta ese momento conductos mamarios; probé de todo hasta que la solución vino de nada menos que de mi querido esposo al verme tan mal llorando por todos lados me dijo que él podía succionar más fuerte que el bebé (lógicamente) y quizás pueda funcionar que no perderíamos nada, les juro que en ese momento con tanto dolor acepté sin pensarlo, y así lo hizo, lloré, grité, chillé como una mocosa, fue horrible sentí como una canica recorría por toda mi teta y hasta escuché el sonido de su salida, pero FUNCIONÓ!!, por fin sentí como salía a chorros mi leche y mi ternerito empezó a mamar sediento de mi nutritiva leche hasta que cumplió dos años y tres meses.

La segunda cita a ciegas con mi nuevo amor mi pequeña tesorito fue igual de emocionante, quería sentir nuevamente esa conexión indescriptible de ser la proveedora de vida, si vida ella se mantenía gracias a mis senos llenitos de pura leche, los primeros días sentía que la gorda no se llenaba, lloraba mucho pero insistí tanto que mis pezones se agrietaron, chapé mi mucovit para regenerar mi piel y pasó, siguieron pasando los días y como la primera vez mis senos se convirtieron en rocas y empezaron a quemar como el mismo infierno, me negaba a perdirle a mi esposo que me ayude, así que de nuevo probé de TODO, hasta presté el extractor de leche de una amiga pensando que el mío no funcionaba bien, pero nada ayudaba así que no me quedó de otra que usar a mi marido de destapador humano, nuevamente me dolió tanto que puedo jurar que conocí a san judas y todos los santos juntos, lo bueno de todo es que funcionó y hasta la fecha seguimos siendo la vaca y su ternera de 6 meses y continuaremos hasta que ambas decidamos parar.

Lo cierto mis queridas lectoras, es que ser vaca lechera no es fácil, es díficil, duro y cansado, los primeros meses son los peores porque los terneritos demandan mucho de ti, tanto que literalmente no duermes, te duele la espalda como si hubieras cargado 20 mil toneladas de fierro, las tetas te arden como si les hubiera caído candela viva en ellas, te aseguro que las pijamas serán el último grito de la moda, que en las noches despertarás  con tu pecho completamente mojado, días en que te agarrarán de mordedor, que habrá momentos divertidos cómo cuando te sueltan la teta de un momento a otro para mirar quién viene y te las dejarán expuestas al mundo entero o cómo una cañería rota disparando leche por todos lados, y te la estirarán kilómetros como si tu teta fuera chicle, que cómo mujer habrá momentos en que no te sientas nada sexy porque verás a tus senos completamente desinflados y asimétricos; pero les puedo prometer que todo pasa en un abrir y cerrar de ojos, que ellos no siempre serán bebés y un día dejarán de buscar ese calorcito y esa protección que tus senos les da.

La lactancia materna no es fácil pero todo lo que ella brinda a tu bebé es perfecta porque no sólo le das la mejor nutrición del mundo sino que le brindas seguridad a prueba de balas, el apego justo y necesario que necesitan ambos, la ternura que emana dar de lactar compensa todos tus desvelos, tus días complicados; cómo alguien me dijo la naturaleza es sabia y tu bebé sólo necesita de ti y de esas chichis que para eso fueron creadas aunque no lo creas jajaja.

Sé que es una decisión bastante personal pero si están buscando un consejo sean VACAS LECHERAS y siéntanse libres de decir MUUUUUU!!!

 

Malel,

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