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Un globo desinflado…

Antes de mi primer embarazo tenía la panza llena de cuadritos jajaja mentira era algo flácida con algún otro rollito pero en líneas normales esos mondoguitos desaparecían en cuanto dejaba de respirar y mientras no me sentara en ningún lado podía mostrar mi cuerpazo al mundo entero con un apretadito bikini.

Durante los 9 meses de mi primer embarazo no tuve ni una sola estría y yo creía ilusamente que la cremita traída de “las Europas” había hecho efecto en mi piel por lo que estaba a salvo de ser una cebra recién estrenada pero siempre un “pero” una vez que sacaron a mi tan esperado angelito y logré con los días ver mi panza me encontré que seguía bastante hinchada llena de grumos y con un millón de rayas blancas y rojas. En 4 meses de exitosa lactancia materna, un bebé que no tenía fondo y con una elástica faja bajé los 23 kilos que había subido pero mi barriga parecía un globo desinflado nada que 10 millones de abdominales no la remedien jajaja, lo que nunca pasó, verán yo y el deporte somos enemigos públicos; con el tiempo (con tiempo me refiero un par de años) mi amiga la gelatinosa regresó dizque a su estado natural a excepción de que jamás la textura de ella fue igual, pero ni modo lo superé admitiendo mi “nueva realidad” con ayuda de mi amado esposo que nunca se cansó de decirme en todo momento lo hermosa que para él yo era, ni soltó mi mano las veces que me encontraba ahogada en llanto dándome la confianza de aceptar mi nuevo cuerpo, me imagino que estarán pensando pero que mujer para más superflua pero es la verdad es difícil ver cómo tu cuerpo ha cambiado tan drásticamente sumando a las benditas hormonas que descendieron estrepitosamente, las mismas que lograron ponerme en un nivel de sensibilidad de locos.

Para el segundo embarazo yo ya estaba orgullosa con mis mil y una líneas de guerra y lo que menos me preocupaba era mi cuerpo a pesar que tuve una panza gigante como les conté en un post anterior (La doncella al compás del bolero…) que agregó nuevas rayitas tatuadas en mi cuerpo caribeño, estaba segura que después de dar a luz y con la lactancia materna de mi lado en unos meses bajaría todos los kilos de puro engorde, lo que no consideré es que no todos los benditos embarazos son iguales, así que después de pasar aplicadamente 2 meses casi sin respirar con una faja hiper apretada luego del parto, me di cuenta que la horrible lengua que se había formado en la parte baja de mi vientre no iba a regresar a mi fofa barriguita anterior por más que siga metiendo y metiendo más centímetros a mi estiradísima faja y que mis caderas que entraban en talla 28 ahora pasarían a talla 30 siempre y cuando sea de material strech mismo chicle.

Han pasado 6 meses y los kilos demás siguen negándose a bajar, a la fecha sólo he perdido los 10 kilos iniciales que en parte fue el líquido amniótico y me falta por lo menos 15 kilos más, no voy a mentir diciendo que me siento de maravilla y que estoy feliz de que mi cuerpo haya pasado por una transformación de 360 grados, NO, la verdad es que hay muchos días en que me siento terriblemente fea, que verme al espejo me produce llorar a moco tendido, que los recordatorios del face son mi tortura, que la confianza en mi misma está en nivel cero, que el ver mi clóset lleno de pura ropa que ya no es mi talla me bajonea un huevo, que esquivo las miradas lascivas de mi marido para que no me vea desnuda y muchas otras cosas más; pero también estoy aprendiendo lentamente que en esos momentos de debilidad gire mi mirada en esos 2 pequeños terroristas que asaltaron y tomaron mi vida por completo, el mayor ama literalmente mi abultada barriga lo abraza, lo estruja y se ha convertido en su compañera de sueño en su “oso protector” para dormir y no hay día en que no me diga lo “churra” que soy, y mi última cada vez que paso por su lado esboza una enorme sonrisa tamaño king y aunque ella aún no sepa hablar me hace sentir más que amada; ni qué decir de mi esposo el jamás se cansa de buscarme, mostrarme y decirme de mil formas que soy su reina y aunque me hago la difícil caigo rendondita en esos enormes ojos que me enamoraron y así pausadamente regresa en mí el amor propio.

A ti mi gorda hermosa a lo largo de tu vida tu cuerpo irá evolucionando y cambiando, de seguro habrá días en que como yo te sentirás terrible, pero quiero decirte que lo físico no es lo único que importa que en ese momento en que estés mal pares y observes a las personas que más amas en el mundo y te preguntes qué es lo que aman de ti, te aseguro hermosa que ellos aman TODO TODO de ti incluyendo aquello que te molesta tanto.

Queridas lectoras el haber engendrado vida en nuestros cuerpos viene con una serie de enormes cambios físicos como emocionales, no te sientas sola, como tú más del 90% hemos luchado contra nuestro nuevo peso, ropa que ya no nos queda, fajas para ocultar los rollitos, etc, y aunque ahora estemos como un globo desinflado saben que siempre, siempre lo podemos volver a llenar de ese extraño amor que nuestros hijos nos dan.

 

Malel,

 

 

 

 

3 comentarios en “Un globo desinflado…”

  1. Tranquila corazón, son cambios que toda madre pasamos por traer a este mundo a esos angelitos que nos cambian la vida por completo. Ya no vuelve a la normalidad y te entiendo perfectamente lo que sientes yo con el primero baje muchísimo pero si esa barriguita cambio un poco y con mi segundo hijo si me ha costado mucho estoy en un bajar y subir, debo reconocer que me bajaba el autoestima y era horrible a la hora de salir y no saber que usar. Pero poco a poco boy amándome tal como soy, somos hermosas mi querida hermosa mujer. Siga luchando, sea feliz y no te martirices por querer ser la misma de antes, con cariño sahory 😉 madre de dos pequeños terremotitos que me vuelven loca 😁😁😁

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