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Vacaciones sin descanso

El día que mi marido me propuso armar maletas para disfrutar de unas merecidas vacaciones a Río de Janeiro, lo que primero que visualice era a este cuerpito caribeño desparramado en la arena blanca bebiendo agüita de coco recibiendo aire de los musculosos abanicos de mi amado, imagen que me duró 5 segundos porque luego aparecieron cual película de terror mi terremoto number one siendo absorbido por las olas del mar y mi tesorito de 7 meses metiéndose kilos de arena en la boca; fue en ese preciso instante que tomé del brazo a mi marido y le dije con cara de terror ¿Amor, estás seguro?

Dos  meses después me encontraba sentada encima del equipaje tratando de meter TODO lo indispensable, al final llevé 2 maletones, 1 carry on, 1 minimochila del mayor, 1 bolso para la menor y 2 coches, siii 2 coches cuando le dije a mi espeso digo esposo tampoco estuvo de acuerdo a la primera pero les juro que fue la mejor idea del mundo mundial porque mi niño bonito de 3 años para nada le gusta caminar igualitito a su madre jajaja así como comprenderán no me queda más que entenderlo jaaa. Primera parada Aeropuerto Internacional Jorge Chávez llegamos temprano y armados hasta los dientes con nuestra niñera electrónica alías Netflix, 2 cuentos nuevos, harto aperitivo medio-saludable, todo tipo de mordedores y lo más importante “la santa tetona” esa que calma hasta el más terrible alarido de mi dulce retoño; estuvimos unas horas deambulando con mis pequeños delincuentes que normalmente duermen entre 7 y 8 p.m. exclusivamente ese día se olvidaron de su horario y siguieron bien despiertos hasta mucho después que subimos al avión que fue a las 9:30pm; mi plan infalible de tenerlos dormidos todas las 5 horas y media de vuelo resultó todo lo contrario: mi chibolo de 3 años se la pasó viendo sus vídeos gritando y riéndose a todo pulmón (ya se imaginarán), después cuando por fin cayó de rato en rato se despertaba llorando porque quería su cómoda cama; mi tesorito bueno ella se creía tiburoncito todo lo metía a la boca menos los juguetes que llevé esos ni los miró, ella chapo las instrucciones de vuelo, las revistas, el espaldar del asiento de adelante, hasta que se le ocurrió coger las luces y tuve que tener mis brazos estirados hacia arriba cargando su regordete cuerpo de bebé por un largo tiempo para no espantar a mis vecinos con sus alaridos, hasta que cayó rendida y se durmió. Si se preguntan por nosotros los generadores de esas hermosísimas vidas pues nos las pasamos con caras de ZOMBIES TODITITOOOO el vuelo.

Arribamos a las 4:30 a.m. (en Perú 2:30 a.m.) como el aeropuerto es pequeño no demoramos mucho en salir, tomamos un taxi oficial recomendado por nuestro Anfitrión del departamento que alquilamos por Airbnb y nos en-rumbamos hacia Copacabana. Nos recibió Yuri con una enorme sonrisa, nos ayudó a subir todas las maletas, luego de decirnos todas las reglas, mostrarnos el lugar se despidió y nos dejó para disfrutar de nuestras vacaciones; la verdad es que al menos mi marido y yo queríamos tirarnos a la cama a dormir a pierna suelta, pero no podemos olvidarnos de nuestros angelitos que el Señor Dios nos ha encomendado, así que acomodé todo en los cajones del closet, baño, etc. para estar los más cómodos posibles mientras papá en modo zombie entretenía a los dos que mágicamente no les afecto el cambio de horario y estaban más que despiertos. Cada uno chapo un hijo los bañamos, nos bañamos y salimos a comprar al supermercado que estaba exactamente a 1 cuadra, compramos todo lo necesario para preparar los desayunos y cenas más fáciles del planeta (no había forma que cocinara almuerzos, salvo a mi gorda); luego del rico desayuno nos dimos cuenta que nuestros celulares estaban a punto de fallecer y ohhh sorpresa el voltaje era diferente al de Perú, así que salimos en busca de un adaptador de paso que conocíamos el vecindario (estábamos a 1 cuadra del la playa), lo compramos, lo probamos y nos estafaron!! Así que mejor buscamos un lugar para almorzar y ahogar nuestras penas, regresamos a casa con los nenes dormidos ¡Aleluya! para no despertarlos ni los movimos los dejamos en sus coches no podíamos jugarnos la vida y por fin sentimos la suavidad de una cama e inmediatamente caímos en los dulces brazos de Morfeo hasta que veinte minutos después escuché el llanto de mi angelita, la saqué, la abracé, le enchufe la teta y dormimos juntitas, mientras papá hizo lo propio con el de tres.

Día dos, nos fuimos al Acua Río a pedido de mi brillante niño que desde que vio Blippi en el acuario de Florida nos tenía secos con conocerlo, todo el viaje a cada ser humano que pasaba por su lado le decía “estoy yendo al acuario de Florida”, por más que lo corregía no había forma él estaba en Miami jajaja. Realmente lo pasamos bien, sobretodo él que no podía más con la emoción hasta decía que el tiburón que venía mostrando sus enormes dientes hacia nosotros le estaba sonriendo porque estaba feliz de verlo. Cuando regresamos tomamos un taxi en el interior del acuario y conocimos a nuestro nuevo amigo João, fue nuestro ángel caído del cielo, no había conocido antes a una persona tan amable y presto en ayudarnos en todo, fue nuestro compañero en todos los lugares que conocimos en los sucesivos días.

Con João conocimos muchos lugares con la tranquilidad de que podíamos dejar nuestras cosas (que no eran pocas) sin estar cargándolas por todos lados, y por cada parada turística solo poníamos en la mochilita pequeña algunas cosas para el tiempo que nos íbamos a demorar conociendo, lo interesante de esto es que si tienen hijos Río aunque no lo crean es ideal porque todas las atracciones turísticas tienen acceso para coches, sillas de ruedas, etc, por lo que te facilita la vida, además que tienes prioridad en todo y siempre serás el primero en entrar sin soplarte las largas colas.

Uno de esos días de visitas nos dimos cuenta que mi gordita estaba escaldada, la crema que normalmente usaba no hacía efecto por lo que le pedí a nuestro buen amigo nos ayudara a buscar manzanilla, el pobre no tenía idea de lo que era, con el portuñol que hablábamos me entendió que era margaritas, igual él nos llevó a todos las tiendas orgánicas (por cierto hay en cada esquina), hasta que me pidió la foto de lo que buscaba y finalmente lo consiguió “era camomila, camomila, senhora” me dijo; llegamos al apartamento y de frente agarré a mi niña la lavé con ella, y la tuve sin pañal todos los siguientes días hasta que nos regresamos, por lo que para poder seguir paseando tuvimos que comprar protector de sábanas que primero lo colocábamos en su cochecito y en la cama, pero que después de que mi esposito recibiera el premio mayor de un oloroso “chocolate kiss” lo comenzamos a llevar y usar por donde estuviera ella (encima de nuestra ropa, encima del sofá, encima de los asientos), realmente fue un hit mi gorda se alivió pronto.

Los últimos días íbamos a la playa de Copacabana entre 6 y 9 a.m. y 4:30 y 6:30 p.m. para que ELLOS disfrutaran del delicioso clima, porque lo que recuerdo es al mayor corriendo sin parar por la playa, su papá corriendo como loco atrás de él, yo con mi beba en brazos en cuclillas para que ella sintiera por primera vez la suavidad de la arena y el mar, se orinaba y cambio de ropa, así una y otra vez; luego de tener la espalda totalmente comprimida recibía a mi terremotito con su vocecita suplicante que me meta al mar con él así que tenía que despojarme de mi protectora ropa y mostrar al mundo mi rellenito cuerpo bien taipá y lanzarme cual malagua a seguir con mi espalda doblada para hacerlo saltar sin parar las pequeñas olas que llegaban a la orilla. Todo esto sucedía alternando a nuestros hijos para que ambos recibamos por igual la bendición de ser padres.

Regresamos a Perú a las 5 a.m., esta vez por obra y gracia del espíritu santo mis angelitos durmieron casi todo el vuelo, llegamos a nuestra querido hogar dulce hogar y lo primero que hicimos fue alimentarnos, entregarles a su nana y bendecirla enormemente por su existencia. ¿Qué si volvería a viajar al exterior con ellos? claro que sí, díganme masoquista pero cada vez que siento mi espalda y mis piernas adoloridas aparecen esas sonrisas de mis pequeños y se los juro que se me pasa naaaa igual me sigue doliendo pero estoy segura que cada minuto de esos momentos de felicidad que atesoro con miles de fotos y vídeos siii que valieron la pena!

 

Malel,

 

 

1 comentario en “Vacaciones sin descanso”

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