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CUATRO OJOS

Recuerdo que tenía 9 años cuando mi universo cambió para mis cortos años drásticamente, llevaba como unos 3 años sin ver el mundo que me rodeaba en HD, mis ojos color café cada día se empañaban más y más. En el fondo sabía que me estaba pasando y qué es lo que iba a necesitar pero el terror de que me vieran con la solución a mis problema era más fuerte que yo, así que guardé mi secreto hasta donde pude o hasta que mi mamá se dio cuenta de mi silencioso sufrimiento y en un santiamén me llevó al oftalmólogo a que me revisara y su conclusión me condenó ha usar «LENTES DE POR VIDA», «ella sólo debe sacarse los lentes para dormir», con esas sanguinarias palabras y una hojita con numeritos negativos fui en busca de unas monturas que serían la condenación a una vida social nula y a un huracán de apodos nuevos de esos que ya los gozaba porque mi flaco y raquítico cuerpo ya era caserito para ser considerado tema del día entre mis compañeritos de clases.

Los siguientes días fueron ansiedad pura, sentía un nudo en mi estómago y un pavor de que llegara el día de mostrar al mundo entero mi nuevo yo; el día llegó con mamá tomadas de las manos me senté a esperar que me trajeran el bendito artefacto al que viviría condenada a ella, me lo coloqué encima de mi ñata y ohhh sorpresa la penumbra y niebla que se había apoderado de mis ojos se desvanecieron por arte de magia, después de muchísimo tiempo y para ser sincera ya no recordaba como era ver con esa nitidez que me dejó literalmente extasiada, la alegría me duró hasta que tuve que ir cole y regresó a mí el señor nudo y el tío miedo, sobre todo porque delante de mi mamá tenía que entrar con los lentes puestos, todo el trayecto de la entrada al colegio aguanté la respiración y vi como todos me miraban con sus sonrisitas aguantadas listas para salir como carcajada en cuanto entraramos al salón.

Ese día fui el blanco para ellos, así que trataba de no usarlos pero intentar copiar a mi cuaderno lo que estaba escrito en la pizarra era un suplicio, además que tenía a la profe que me recordaba que usaba lentes cada vez que le pedía que me leyera alguna parte que no lograba ver, así que finalmente tuve que soplarme sus nuevas e inocentes chaplines de forma textual y escrita en hojitas rotas de sus cuadernos comprados con esmero por sus padres.

Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y los meses en años, cambie de cole mil veces y mil veces recibí los mismos cariñosos saludos cargados de comedia para ellos porque para mi era mi película de drama mezclado de terror; mientras mi autoestima se iba al carajo y un buen día dejé de sentir, me daba igual y me hice invisible para todos ellos; el tiempo avanzaba y yo sabía que esperar así que me dediqué a estudiar diciéndome a mí misma que no me afectaba y así llegó mi último año en el secundario en un nuevo colegio que me hizo evolucionar como un pokemon y como milagro las burlas cesaron pero mi mente y mi ser ya estaban dañados aunque lo disimulé como una campeona hasta hoy.

Y digo hasta «HOY», porque justo hoy es la primera vez que mi mayor de 6 años usa lentes, de la misma forma que mi mamá esta vez fui yo la que lo lleve al bendito oftalmólogo, créanme cuando les digo que el mismo miedo que tuve aquella vez a mis 9 años y ese nudo en mi estómago lo volví a sentir pero mil veces más, mientras miraba con pavor como el doctor le iba colocando una y otra lentilla, me repetía a mi misma «tranquila, que no se dé cuenta», finalmente acabó con unas palabras que ya había escuchado «MIOPÍA» y una receta con números negativos; lo tomé de mi mano y junto a su papá días después lo llevamos a buscar esos «primeros lentes» que le acompañarán por un largo tiempo. Los siguientes días mientras preparaban las lunas he llevado el mismo duelo por él, claro como mamá he sabido mantener mis miedos muy dentro de mi y exteriorizar mucha seguridad para que él pueda sentirse cómodo y feliz mirando al mundo con Ultra HD sin miedo al éxito. Así que en cuanto nos avisaron que ya podíamos recogerlos, fuimos valientemente a recibirlos, se los puso, él maravillado y nosotros haciendo vitores diciendo lo guapo que se veía pero al menos yo por dentro queriendo controlar a ese enorme nudo en mi garganta y estómago. Llegamos a casa y una pequeña voz dulce le decía a su hermano «te vez fantástico», mi mayor feliz acostumbrándose a sostener entre su ñata a este nuevo amigo, mientras trataba de esfumar y borrar todos esos recuerdos y miedos.

Sí, tengo un enorme miedo que a mi terremoto pase por lo mismo, luego me digo «heyyy helloooo los tiempos han cambiado querida, mira a tu alrededor hay muchos niños que ahora lo usan» y se me pasa, y luego nuevamente regresan y así una y otra vez. Hace unos días miraba con terror una foto que se hizo viral de una madre despidiendo a su hijo por «Bullyng»(ahora ya tiene nombre y apellido) y tuve miedo un miedo horrible de esos que te dejan sin aire y con una enorme angustia, de niña tenía pensamientos autodestructivos pero nunca me pasó el querer dejar de vivir, pero sé lo que se siente y sé lo que pasa antes de cometerlo ya siendo adulta así que no puedo imaginarme todo el dolor que ese niño tuvo que sentir para hacerlo, un NIÑO que sus emociones y pensamientos no son maduros que todavía estaban en un proceso de trabajarlas, unos «simples adjetivos» «bromas sin malicia, de niños» que empieza silenciosamente a calar dentro de sus pequeñas vidas termina haciendo tanto daño a una familia.

Tengo miedo pero también tengo que soltarlo, como padres solo nos queda prepararlos y espero, realmente espero que los demás padres eduquen a sus hijos con mucha empatía para que ellos sepan respetar y no buscar diferencias entre ellos sino al contrario ver que esas diferencias nos hacen únicos y hermosos.

Malel,

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Perdida

No recuerdo exactamente como empezó pero era muy niña cuando me di cuenta que el color de mi piel sería algo que me impediría ser feliz, luego vinieron los lentes y finalmente la delgadez de mi cuerpo, pasé mi niñez y adolescencia dibujando queriendo plasmar o quizás amilanar un dolor que no sabía como expresarlo.

Que cómo pasó? pues no sé me imagino que el crecer en un ambiente donde no vi amor, en que mi desayuno, almuerzo y cena era la constante de un divorcio que se decía a diario pero que nunca ocurría; o quizás la escuela, colegio donde los chicos (as) se burlaban de «esos defectos» poniéndome interminables apodos que salían cuál bola de fuego directo a mi cuerpo, o quizás el llegar a casa y escuchar de parte de mi hermano otros más apodos a la vista y paciencia de mi madre, lo que me hacía pensar que estaba bien o que eso era lo que me tocaba, y así puedo citar tantos otros motivos pero aún así en ese instante a los 14 años no sabía que era lo que exactamente me pasaba, sólo que me sentía perdida.

Ese año mi madre me inscribió a un taller de modelaje, lo que me encantaba pero que a la vez despertó en mi un sentimiento de inferioridad y digo despertó porque hasta ese momento nunca había tratado de hacerme daño, había empezado a subir de peso por el desarrollo propio de la adolescencia, debíamos modelar en el evento final del taller en un par de semanas, recuerdo que el instructor me dijo «estas engordando, deberías ser como fulanita de allá», me quebré y nunca más regresé, no recuerdo que le dije a mi mamá para lograr faltar a dicho evento, pero terminé viajando a Moyobamba de paseo. Como en casa mi mamá en medio del viaje me cuidaba que comer, que si comía mucho pan o que necesitaba usar un sostén largo porque a mi edad debería cuidarme más y mi respuesta de siempre era comer, comer hasta que me producía ganas de vomitar de lo tan llena que me sentía, hasta que un día lo hice y no pare hasta terminar a los 15 años en un hospital donde todos se preguntaban que tenía ya que mi cuerpo seguía vomitando sin la necesidad de yo producirla, cabe resaltar que en las últimas semanas había empezado a tomar limón en diferentes preparaciones de una manera exagerada, nunca confesé nunca dije nada pero atribuyeron al limón la culpa de que algunos órganos de mi cuerpo estuvieran tan inflamados. El susto y el tiempo que pasé en el hospital me hicieron momentáneamente parar pero no duró mucho tiempo.

A los 17 años ya en la universidad donde finalmente me sentía de algún modo yo misma lejos del caos de mi hogar, y esto porque los únicas horas que pasaba en casa era para dormir o los domingos en que tenía que aguantarme sus comentarios de que la carrera que había elegido no era para mi y aunque me irritaba escucharlas sabía que llegaría lunes y regresaría a mi mundo, pero como siempre no duró estando en el segundo año el formol y un profesor mataron mis esperanzas de ser veterinaria y así fue que le di nuevamente la bienvenida a la depresión aunque hasta ese momento no lo había etiquetado de tal manera. Estuve meses encerrada en esas paredes, escuchando los gritos de mis hermanos mayores, la preocupación de mis padres y esos ánimos «esa carrera no era para ti» que en vez de ayudar me hacía sentir peor porque confirmaba mi fracaso y solo me recordaba que ellos habían ganado. Hasta que la luz nuevamente llegó a mi vida vestida de jeans, pelo encrespado y una locura desbordante, mi amiga Lulú vino a sacudirme y abrió un ventanal, junto a ella rogamos a mis padres enviarme a Lima a estudiar una carrera que apenas era conocida, no sé cómo pero para el nuevo ciclo ahí estaba instalada en una ciudad que apenas había visitado y muy pero muy lejos de casa.

Pero mi salud mental no estaba bien es decir no puedes tapar el sol con un dedo, estando en casi los últimos ciclos de mi carrera fue cuando todo se desmoronó, toque fondo y fue etiquetada y declarada con «Cuadro depresivo agudo», que lo desencadenó enamorarme de una persona tóxica, una hermana que decía tener cáncer, vivir en casa de otra de mis hermanas donde solo escuchaba su envidia diaria, sumado a las llamadas de mi madre para contarme con lujos y detalles sus problemas maritales. Realmente no sé como fue que mi mamá termino mudándose conmigo o cómo finalmente se dio cuenta que no estaba bien, no sé si se lo conté o simplemente una de sus tantas visitas dio en el clavo, pero ahí me encontraba sentada frente a un psicólogo, luego pasé al psiquiatra que me medicó y nuevamente me envió a otro psicólogo porque yo no me abría, y en algún momento terminé en un puente de traseúntes mirando en medio de lágrimas incontrolables la pista llena de carros en plena javier prado, ahí sintiéndome tan vacía por dentro y sin encontrar significado a mi existencia llegó en ese entonces aún mi amigo (que luego sería mi ex) y mi mamá (al menos eso creo) estaba tan descontrolada que mis recuerdos son borrosos, pero en ese momento fue donde me prometí que debía parar y realmente buscar ayuda, la encontré en un psicólogo que encontramos de mera casualidad y junto al psiquiatra poco a poco recuperé mi vida, supe que había tenido bulimia y que junto con la depresión con el tiempo sólo me provocaba cuando tenía algún tipo de problema o situación que me desbordaba, fue la razón por la que no me había de alguna forma hecho más daño en mi organismo y por la que logré ocultarlo por mucho tiempo.

Algo que aprendí en terapia fue que la depresión y la bulimia es una enfermedad recurrente es decir me puede volver a ocurrir al mero descuido, escucharlo me dio escalofríos pero es algo que llevo a cuestas desde muy pequeña y que ahora siendo esposa y mamá ando en pie de lucha constante; cuando me enamoré de mi ahora esposo recuerdo claramente que con el miedo apoderado en mí le confesé mi pasado y que quizás podría volver a ocurrirme, recuerdo sus ojos humedecidos porque alguna lágrima se le asomaba, su respiración irregular tratando de no llorar, su mano sobre la mía donde de rato en rato me apretaba con fuerza y su voz en cuanto terminé de contarle decirme que él me amaba y eso significaba que mi pasado, presente y futuro era el paquete completo, que si algo pasaba iba a estar conmigo sin soltar mi mano y así ha sido en los últimos 7 años hemos tenido tiempos muy difíciles pero en cada uno de ellos he sentido su respaldo, paciencia pero sobretodo su amor.

Debí darme cuenta siendo ya conocedora de los síntomas, me descuidé o simplemente no quise aceptarlo, estando embarazada de mi última me dio hipermesis gravídica, tenía terror en cada vómito de no parar de que se quedara en mi y no por la enfermedad sino por la bulimia que desde que toqué fondo había logrado de algún modo superarla, mi terror se notaba cada vez que llegaba el doctor y mi pregunta era siempre la misma «¿esto no es por la bulimia que padecí? y aunque ya sabía que me diría NO, yo seguía preguntando. Al sexto mes paró y creí que finalmente tenía control de mi cuerpo, nació mi gorda y con ella todo lo mágico y retos que trae tener un nuevo miembro a la familia, los primeros meses fueron maravillosos, luego vino el dejar de chambear, el blog, sensaciones de tristeza que atribuía a que me estaba acomodando a mi nueva vida, romper una hermandad de muchos años así sin ascuas sin anestesia (me decía asimisma porque no siento ese dolor de perder a una mejor amiga), peleas estúpidas con mi esposo, un nuevo empredimiento, mi última tiene Anemia (algo que me atribuí 100% la culpa), después vino lo que creo que fue el detonante el eminente divorcio de mis padres y aunque creí haber construido un caparazón como el armadillo removió mi pasado como si un huracán, un terremoto y un tsunami hubieran llegado a mi vida en el mismo día, lo quise tapar, demostrar que no me afectaba en lo absoluto, luego vino mi mamá a visitarme y un solo comentario movió los cimientos de mi matrimonio, hasta ese momento tenía la ira contenida en mi cuerpo pero ese hecho me hizo explotar cual bomba de hiroshima lo que ha dejado en mi una catástrofe de tal magnitud que mi ciudad ha quedado un 100% de radiactividad. Han pasado un par de meses del último evento, con ellos una reconciliación a medias con mi madre y luego la amistad de mis padres anulando así el drama, las peleas constantes entre mis hermanos y dieron si digo dieron la bienvenida a la paz porque yo aquí sigo quemando como llama viva, y no es hasta hace unos días que vino mi mamá de visita que me di cuenta que no la he perdonado, que ignorar sus necesidades y contestarle escuetamente sabiendo que le dolía y aún así lo seguía haciendo, luego ir a mi cuarto y en privacidad mirarme al espejo y decirme que rayos me pasa, el dejarla ir sin hablar con ella y pedirle disculpas por mi comportamiento fue que finalmente me dije a mi misma querida Malel no estas bien, anda y busca la ayuda profesional que sabes que la necesitas. Y aquí estoy buscando a un psicólogo que me inspire confianza, porque algo de lo que he sufrido es que soy muy difícil de abrirme con las personas, lo importante es que por fin acepto lo que me está pasando y así como las otras veces sé que puedo superarlo y ahora no sólo por mi sino por mis pequeños que necesitan a su mamá imperfecta pero que los ama con todo su ser.

Por qué les cuento todo esto? mi principal motivo es que como padres nos preocupemos por darles un hogar saludable a nuestros hijos, cualquier situación por más pequeña insignificante que te parezca sumada a otros igual de chicos se puede convertir en una bola de nieve que irá arrasando con todo lo que encuentre a su paso, mi hogar donde crecí no fue perfecto, sumado al ahora llamado bullyng de chiquillos que no sabían lo que pasaba en mi casa y la permivisidad de los adultos causó en mi un daño que vengo arrastrando hasta ahora; y que sinceramente no se habla mucho pero la salud mental es lo más importante para un ser humano y es nuestra responsabilidad de educar con amor, respeto, empatía, como también con normas y límites a nuestros pequeños, sé que podemos cometer errores, pero lo crucial es identificarlo y generar un cambio por el bien de ellos, no es fácil yo misma ahora puedo darme cuenta de algunas actitudes mías sobre ellos donde repito patrones que no son lo correctos y que algún momento juré no hacerlo, pero aquí estoy tratando de cambiarlos y enderezando nuevamente mi camino porque lo único que quiero para ellos es que cuando sean adultos y tenga nietos ellos no paguen mis errores, los quiero ver felices, tomando decisiones buenas, equivocándose también pero aprendiendo de ellas, superando sus propios miedos pero con seguridad de sí mismos.

Quiero dejarles un versículo que me ayudó mucho, si no eres creyente no importa esto es algo que deberíamos ponerlo en práctica todos aún siendo de diferentes credos:

» Ama a tu prójimo como a ti mismo «

Para mi significa dos cosas, en primer lugar que debes amarte, cuidarte y respetarte porque sólo así las personas que te rodean pueden recibir de ese amor y de ese respeto; en segundo lugar trata a las personas como te gustaría que te traten a ti; y aquí viene el círculo vicioso porque si no te amas puede suceder dos cosas: que permitas que te traten mal porque crees que es algo normal y por otro lado que trates a las personas como te ves a ti mismo.

Espero que este post les sea de ayuda, confieso que el escribirlo me ha liberado enormemente, como también tuve muchas dudas de hacerlo público por el miedo a lo que dirán las personas que me conocen, pero conversé con mis padres y hermanos quienes apoyaron mi decisión de hacerlo sabiendo que de algún modo este mensaje podría ser beneficioso para las personas que me siguen. Espero sinceramente que si estás en una situación similar seas capaz de detectar si algo anda mal sea en ti mismo, o en tus hijos, algún amigo o compañero; o si en todo caso tu entorno no es saludable estás a tiempo para generar un cambio que finalmente influirá en los que te rodean. Por mi parte estoy segura que con apoyo profesional y de mi familia muy pronto regresaré ha ser la Malel loca de siempre.

Gracias por leerme,

Malel,