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Cuarentena con bendiciones

Cuando empezamos la cuarentena, no tenía idea de todo lo que implicaba estar encerrada en casa con dos niños de 5 y 2 años, ni los sentimientos que llegarían cual tsunami que arrasa con todo lo que encuentra a su paso incluyendo a mis chiquillos.

Claro llegó la noticia que nos quedaríamos encerrados en casa por quince días , me dije a mi misma “papayita” soy madre 24 x 7, estoy acostumbrada a lidiar con mis terremotos así que me fui ha abastecerme para el total de días para no salir para nada, mientras mi marido me tenía en vilo si lograba volver antes del cierre de fronteras ya que el trabaja en la capital, si hubiera televisado esos dos días de angustia fácil que hubiera ganado un Filmfire en Bollywood a mejor película dramática porque fue toda una odisea que él volviera a casa, finalmente su avión aterrizó 20 minutos antes del cierre y acá estamos más juntos que nunca hacinados en nuestro depa de 105 metros, en nuestro propio crucero internacional con nuestros nuevos destinos: cruzo a la cocina, cruzo al baño, cruzo a la sala y cruzo al cuarto.

Al inicio vivíamos el día a día, la menor ni enterada del bicho todo lo contrario del mayor que absorbía cual esponja todo lo que escuchaba en nuestras conversaciones o en las noticias en dónde se suponía que él estaba concentrado en otras actividades y nos las veía; y mientras nosotros  jurábamos que él vivía feliz en su mundo de planetas, dinosaurios, etc. y que no tenía idea de lo que ocurría en el mundo, un día sus abuelos hicieron videollamada y en cuanto le pasamos el móvil  le escuchamos hablar de su preocupación sincera de que algo malo les pase, sus consejos para que eviten a toda costa el virus que llegó al Perú y que le ha gustado tanto nuestro país que no sé quiere ir; fue cuando caímos estrepitosamente a lo condorito re-plop sólo que nos fuimos hasta el subsuelo, se me quebró el corazón al caer en cuenta todo lo que su cabecita a sus casi 5 años logró comprender pero sobretodo lo que había cargado sin nuestro apoyo emocional.

Luego llegó el día que me preguntó cuando volverá a salir, me quedé en silencio mientras mi cabeza pasaban mil respuestas que iban siendo rechazadas mentalmente, no quería mentirle, no quería espantarlo ni tampoco darle falsas esperanzas, hasta que desperté en medio del disco rayado de su voz repitiendo una y otra vez la pregunta. Tuve que explicarle que no tenía un número de día exacto, pero que teníamos que ser pacientes y que juntos íbamos a aprender a esperar mientras tanto podíamos aprovechar el tiempo que tenemos juntos para jugar, ordenar, limpiar y cocinar nuevas recetas. Me miró, me siguió cuestionando con otras preguntas que hacían que mi corazón se arrugará peor que papel periódico, hasta que por obra y gracia divina logró convencerse por si sólo.

Llegó el día de su cumpleaños  número 5 y tuvimos que explicarle que no podríamos hacer el viaje que pidió de regalo, lloró, se frustró, mientras él trataba de descifrar sus propios sentimientos nosotros tuvimos que meter en un frasco cerrado bajo 7 llaves la incertidumbre, la angustia,  y la pena para contenerlo con mucho amor familiar virtual y lo logramos. Me costó una noche sin dormir, una torta desinflada que para los ojos de mi niño era una torta lunar y que en su interior guardaba los colores del arcoiris todo esto auspiciado por mi amiga que mediante whattsap madrugador tuvo la paciencia de explicarme el paso a paso, la muerte de mi batidora por sobrecalentamiento, la coordinación de toda la familia uniendo España, Argentina, y dos ciudades del interior de nuestro país; al final del día tuve a un niño feliz comiendo su torta hecha por mamá, sin ningún juguete nuevo pero que en sus propias palabras se sentía muy especial porque sus abuelitos y tíos le querían muchísimo.

Llegó el día en que preguntó por el nido y cuándo volvería, otra explicación sin fecha exacta de retorno pero con una mamá que se convirtió de un día para otro en su “Miss” y mientras yo empezaba a admirar cada día más a sus maestras y dudaba de mi capacidad tratando de amarrar con camisa de fuerza a mi Tronchatoro interior; él nuevamente me sorprendía diciendo: “mami me gusta que me expliques”, palabras que felizmente llegaron a tiempo para regresar a modo Maestra Ximena (carrusel de niños).

Entonces empezaron los despertares nocturnos de la menor llorando, las mañanas de berrinches con llantos incontrolables y con eso nuestra propia frustración, las miradas asesinas entre mi marido y yo diciendo en silencio “te toca a ti”.
Y mientras lidiábamos con las mil emociones de ellos, sus peleas maratónicas, la insistencia del mayor de pedir que su hermana ya deje la teta porque él también quiere dormir conmigo, las benditas clases virtuales, la cocina, limpieza y desinfección por doquier, lidiar con el trabajo en casa, los mil WhatsApp con mil recetas para eliminar al innombrable, la abundancia de malas noticias de todo el mundo; empezaron a calar en nosotros los adultos responsables del núcleo familiar, comenzamos a sentir algunos días síntomas de la peste y a tomar a lo loco todos los mejunges que juramos no tomar, comenzamos a perder la paciencia más seguido con ellos y a discutir entre nosotros, empezamos a enojarnos por todo y a tener 0 tolerancia entre maredo y mujer.

Qué hicimos o qué hacemos? Hemos aprendido aceptar que hay días buenos y malos, a disculparnos sin tanto drama, a darnos un respiro en redes y a evitar a toda costa noticias que no nos edifican, a escucharnos o estar ahí cuando nos da la ansiedad y el miedo nos invade sin decirnos “de nuevo con lo mismo” sino reconfortándonos los unos a los otros, hay días que nos funciona y otros que ni modo. Y bueno con nuestras bendiciones estamos tratando de ir paso a paso, emocionalmente se están desbordando por lo que ahora nos necesitan más, no tengo fórmula exacta porque sinceramente estoy dejando a mi instinto manifestarse, estamos tratando de relajarnos más y de dejarlos más libres en medio del encierro porque siento que el “no lo hagas” se ha vuelto tan recurrente que me estreso de sólo pensarlo, imagínense ellos sentirse tan limitados en su propia casa sin poder salir; parte de liberar algunos límites es también aceptar las consecuencias (0 dramas pero si con lección) de alguna forma deben aprender.

Lo cierto es que la cuarentena llegó a nuestras vidas sin ningún tipo de preparación, el virus llegó a demostrarnos que las cosas que dábamos sentadas como el salir a comprar, pasear, juntarnos para conversar o hasta cosas tan simples como abrazarnos o darnos un beso se puede ir en un segundo, nos demostró que el ser humano necesita también un tiempo para sí mismo, necesita de su libertad para poder lidiar con el día al día. Has notado que extrañas ese trabajo que antes no lo soportabas, extrañas hasta esas madres chismosas que te volvían loca, extrañas llevarlos al parque que antes tratabas de evitar porque tenías mil pendientes, hasta extrañas que tu esposo vaya a trabajar cuando antes te quejabas que vivía para el trabajo. ¿Cómo es que un microscópico virus puede voltearte la torta así de golpe? Pues hay muchas teorías, muchas respuestas y muchos credos.

Nosotros no tenemos idea del por qué estamos pasando todo esto, pero si nos hemos dado cuenta de lo mucho que teníamos y que hemos perdido, entonces lo primero que hicimos fue pedir perdón por las veces que nos hemos quejado sin parar en el día a día, luego agradecimos a Dios ☝ por todo lo que él nos ha dado gratuitamente sin privación alguna, reconociendo su maravillosa creación y lo mucho que hemos disfrutado de ellas tanto que llegamos a explotarlas sin medir las consecuencias y el daño profundo que hemos hecho a su planeta. Hemos empezado a tener una relación más cercana con Él, sabiendo que  tiene un plan perfecto para nuestras vidas, y a refugiarnos en todo tiempo en su infinito amor teniendo la seguridad de que él jamás nos abandona sino que siempre esta presto para escucharnos.

Quizás hay cosas que hemos perdido y que extrañamos pero nosotros hemos ganado algo aún más valioso que es volver a sus brazos y sentirnos más amados que nunca, dejando nuestras cargas, miedos y frustraciones en sus manos. Y si bien es cierto como les mencioné arriba tenemos días buenos y malos, al final del día tenemos la certeza que su gracia nos acompaña en todo tiempo.

” Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes, afirma el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.”  – Jeremías 29:11 

Mami: Cuando salimos?

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Vacaciones sin descanso

El día que mi marido me propuso armar maletas para disfrutar de unas merecidas vacaciones a Río de Janeiro, lo que primero que visualice era a este cuerpito caribeño desparramado en la arena blanca bebiendo agüita de coco recibiendo aire de los musculosos abanicos de mi amado, imagen que me duró 5 segundos porque luego aparecieron cual película de terror mi terremoto number one siendo absorbido por las olas del mar y mi tesorito de 7 meses metiéndose kilos de arena en la boca; fue en ese preciso instante que tomé del brazo a mi marido y le dije con cara de terror ¿Amor, estás seguro?

Dos  meses después me encontraba sentada encima del equipaje tratando de meter TODO lo indispensable, al final llevé 2 maletones, 1 carry on, 1 minimochila del mayor, 1 bolso para la menor y 2 coches, siii 2 coches cuando le dije a mi espeso digo esposo tampoco estuvo de acuerdo a la primera pero les juro que fue la mejor idea del mundo mundial porque mi niño bonito de 3 años para nada le gusta caminar igualitito a su madre jajaja así como comprenderán no me queda más que entenderlo jaaa. Primera parada Aeropuerto Internacional Jorge Chávez llegamos temprano y armados hasta los dientes con nuestra niñera electrónica alías Netflix, 2 cuentos nuevos, harto aperitivo medio-saludable, todo tipo de mordedores y lo más importante “la santa tetona” esa que calma hasta el más terrible alarido de mi dulce retoño; estuvimos unas horas deambulando con mis pequeños delincuentes que normalmente duermen entre 7 y 8 p.m. exclusivamente ese día se olvidaron de su horario y siguieron bien despiertos hasta mucho después que subimos al avión que fue a las 9:30pm; mi plan infalible de tenerlos dormidos todas las 5 horas y media de vuelo resultó todo lo contrario: mi chibolo de 3 años se la pasó viendo sus vídeos gritando y riéndose a todo pulmón (ya se imaginarán), después cuando por fin cayó de rato en rato se despertaba llorando porque quería su cómoda cama; mi tesorito bueno ella se creía tiburoncito todo lo metía a la boca menos los juguetes que llevé esos ni los miró, ella chapo las instrucciones de vuelo, las revistas, el espaldar del asiento de adelante, hasta que se le ocurrió coger las luces y tuve que tener mis brazos estirados hacia arriba cargando su regordete cuerpo de bebé por un largo tiempo para no espantar a mis vecinos con sus alaridos, hasta que cayó rendida y se durmió. Si se preguntan por nosotros los generadores de esas hermosísimas vidas pues nos las pasamos con caras de ZOMBIES TODITITOOOO el vuelo.

Arribamos a las 4:30 a.m. (en Perú 2:30 a.m.) como el aeropuerto es pequeño no demoramos mucho en salir, tomamos un taxi oficial recomendado por nuestro Anfitrión del departamento que alquilamos por Airbnb y nos en-rumbamos hacia Copacabana. Nos recibió Yuri con una enorme sonrisa, nos ayudó a subir todas las maletas, luego de decirnos todas las reglas, mostrarnos el lugar se despidió y nos dejó para disfrutar de nuestras vacaciones; la verdad es que al menos mi marido y yo queríamos tirarnos a la cama a dormir a pierna suelta, pero no podemos olvidarnos de nuestros angelitos que el Señor Dios nos ha encomendado, así que acomodé todo en los cajones del closet, baño, etc. para estar los más cómodos posibles mientras papá en modo zombie entretenía a los dos que mágicamente no les afecto el cambio de horario y estaban más que despiertos. Cada uno chapo un hijo los bañamos, nos bañamos y salimos a comprar al supermercado que estaba exactamente a 1 cuadra, compramos todo lo necesario para preparar los desayunos y cenas más fáciles del planeta (no había forma que cocinara almuerzos, salvo a mi gorda); luego del rico desayuno nos dimos cuenta que nuestros celulares estaban a punto de fallecer y ohhh sorpresa el voltaje era diferente al de Perú, así que salimos en busca de un adaptador de paso que conocíamos el vecindario (estábamos a 1 cuadra del la playa), lo compramos, lo probamos y nos estafaron!! Así que mejor buscamos un lugar para almorzar y ahogar nuestras penas, regresamos a casa con los nenes dormidos ¡Aleluya! para no despertarlos ni los movimos los dejamos en sus coches no podíamos jugarnos la vida y por fin sentimos la suavidad de una cama e inmediatamente caímos en los dulces brazos de Morfeo hasta que veinte minutos después escuché el llanto de mi angelita, la saqué, la abracé, le enchufe la teta y dormimos juntitas, mientras papá hizo lo propio con el de tres.

Día dos, nos fuimos al Acua Río a pedido de mi brillante niño que desde que vio Blippi en el acuario de Florida nos tenía secos con conocerlo, todo el viaje a cada ser humano que pasaba por su lado le decía “estoy yendo al acuario de Florida”, por más que lo corregía no había forma él estaba en Miami jajaja. Realmente lo pasamos bien, sobretodo él que no podía más con la emoción hasta decía que el tiburón que venía mostrando sus enormes dientes hacia nosotros le estaba sonriendo porque estaba feliz de verlo. Cuando regresamos tomamos un taxi en el interior del acuario y conocimos a nuestro nuevo amigo João, fue nuestro ángel caído del cielo, no había conocido antes a una persona tan amable y presto en ayudarnos en todo, fue nuestro compañero en todos los lugares que conocimos en los sucesivos días.

Con João conocimos muchos lugares con la tranquilidad de que podíamos dejar nuestras cosas (que no eran pocas) sin estar cargándolas por todos lados, y por cada parada turística solo poníamos en la mochilita pequeña algunas cosas para el tiempo que nos íbamos a demorar conociendo, lo interesante de esto es que si tienen hijos Río aunque no lo crean es ideal porque todas las atracciones turísticas tienen acceso para coches, sillas de ruedas, etc, por lo que te facilita la vida, además que tienes prioridad en todo y siempre serás el primero en entrar sin soplarte las largas colas.

Uno de esos días de visitas nos dimos cuenta que mi gordita estaba escaldada, la crema que normalmente usaba no hacía efecto por lo que le pedí a nuestro buen amigo nos ayudara a buscar manzanilla, el pobre no tenía idea de lo que era, con el portuñol que hablábamos me entendió que era margaritas, igual él nos llevó a todos las tiendas orgánicas (por cierto hay en cada esquina), hasta que me pidió la foto de lo que buscaba y finalmente lo consiguió “era camomila, camomila, senhora” me dijo; llegamos al apartamento y de frente agarré a mi niña la lavé con ella, y la tuve sin pañal todos los siguientes días hasta que nos regresamos, por lo que para poder seguir paseando tuvimos que comprar protector de sábanas que primero lo colocábamos en su cochecito y en la cama, pero que después de que mi esposito recibiera el premio mayor de un oloroso “chocolate kiss” lo comenzamos a llevar y usar por donde estuviera ella (encima de nuestra ropa, encima del sofá, encima de los asientos), realmente fue un hit mi gorda se alivió pronto.

Los últimos días íbamos a la playa de Copacabana entre 6 y 9 a.m. y 4:30 y 6:30 p.m. para que ELLOS disfrutaran del delicioso clima, porque lo que recuerdo es al mayor corriendo sin parar por la playa, su papá corriendo como loco atrás de él, yo con mi beba en brazos en cuclillas para que ella sintiera por primera vez la suavidad de la arena y el mar, se orinaba y cambio de ropa, así una y otra vez; luego de tener la espalda totalmente comprimida recibía a mi terremotito con su vocecita suplicante que me meta al mar con él así que tenía que despojarme de mi protectora ropa y mostrar al mundo mi rellenito cuerpo bien taipá y lanzarme cual malagua a seguir con mi espalda doblada para hacerlo saltar sin parar las pequeñas olas que llegaban a la orilla. Todo esto sucedía alternando a nuestros hijos para que ambos recibamos por igual la bendición de ser padres.

Regresamos a Perú a las 5 a.m., esta vez por obra y gracia del espíritu santo mis angelitos durmieron casi todo el vuelo, llegamos a nuestra querido hogar dulce hogar y lo primero que hicimos fue alimentarnos, entregarles a su nana y bendecirla enormemente por su existencia. ¿Qué si volvería a viajar al exterior con ellos? claro que sí, díganme masoquista pero cada vez que siento mi espalda y mis piernas adoloridas aparecen esas sonrisas de mis pequeños y se los juro que se me pasa naaaa igual me sigue doliendo pero estoy segura que cada minuto de esos momentos de felicidad que atesoro con miles de fotos y vídeos siii que valieron la pena!

 

Malel,