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Post – bomba nuclear

Antes de ser visitados por la bendicísima cigüeña nuestra dinámica diaria era abismalmente diferente, literalmente nuestra relación dio un giro de 360° y el cómo veíamos al mundo cambió sustancialmente.

Aquí algunas perlitas pre vs post angelitos :

  • DESPERTAR : Sin hijos – nuestros despertares eran abrazaditos o en cucharita donde nos decíamos cosas cariñosas al oído y la cama era TODAAA NUESTRA, de lunes a sábado nos levantaba el despertador entre 6 y 7am donde teníamos chance de apagarlo y sacarle la vuelta por veintitantos minutos y luego sentir la adredalina de llegar a tiempo al trabajo, los fines de semana dormíamos hasta las 10 o 11 am y podíamos estar horas de horas sin levantarnos de la cama viendo maratones de películas. Con hijos – Él amanece en la cama de nuestro mayor y yo con la teta al aire con mi gorda pegadita a mí donde moverme un centímetro significa caerme de la cama o aplastar a mi tesorito, ambos con alguna pierna incrustada en nuestras costillas, cara, espalda, etc. en camas e hijos diferentes donde TODOS LOS DÍAS sin excepción nuestros despertadores son nuestros retoños fruto de nuestro insaciable amor, ellos están programados a levantarnos a las 6am y su tecnología no permite desactivarlos ni por un segundo.
  • COMPRAS : Sin hijos – probarme ropa era un placer con TODO EL TIEMPO DEL MUNDO para ir de tienda en tienda desde detenerme mirando el aparador sin tapujo alguno hasta comprando sin parar TODO lo que mis tarjetas aguantaban jajaja, las visitas al supermercado eran una vez al mes con el carrito casi vacío ya que sólo comprábamos alimentos de caja, artículos de limpieza personal y detergente (lo básico para sobrevivir). Con hijos – Salir ha comprar con ellos es de RIPLEY, es convertirme en elasticgirl para atrapar al mayor que parece que cada vez que respira quiere correr a lo Flash hacia el área de juguetería y si a esto lo sumamos al mismo muchacho como disco rayado gritando a viva voz “Allí Nooo” creánme que en ese momento mi paciencia aflora a mil tanto así que deberían beatisarme a “Sor Malel”; querer probarme algo termina en mostrar al mundo mi escultural cuerpo de post-parto porque mi retoño no se le ocurre mejor cosa que abrir de par en par la puerta o el vestidor y es que mi muchacho sabe en el momento exacto que lo hace justo cuando estoy prácticamente en calzones, todo esto para que al final de nuestro trama de suspenso vivido no me compre ni un calzón y termine comprando ropa y juguetes SOLO para mis angelitos. Nuestras visitas al supermercado ahora son semanales con el carro lleno de pañales, toallitas húmedas y harto alimento saludable libre de un huevo de cosas que consumiste de chibola pero que ahora consumirlas es cómo si estuvieras matando de a pocos a tus crías.
  • CITAS DE PAREJA: Sin hijos – casi todos los días eran nuestros, íbamos al cine pero sobretodo era ir a comer a algún restaurant recomendado por nuestros amigos, era un tiempo sin restricciones en que sólo había hora de salida pero no de llegada, nuestras conversaciones se basaban en lo que nos pasaba en el día a día y planear futuros viajes. Con hijos – cuando fui mamá primeriza pues me interne en casa los 3 meses de licencia NO HABÍA FORMA que me alejara ni un milímetro de mi pequeño, nuestra primera cita sólo hablamos de él y duró menos de 30 minutos, con el tiempo hemos prometido salir al menos 1 vez al mes exactamente cuando nuestra linda y hermosa Nana nos conceda el tan ansiado permiso siii hemos regresado a la adolescencia suplicando de rodillas que nos autoricen salir y ser libres como el viento …
  • AMIGOS : Sin hijos – A todas las cenas, parrilladitas, reuniones, cumpleaños éramos convocados sin falta, incluso nuestra casa era un lugar ideal para recibir a todos nuestros amigos y pasar momentos inolvidables. Con hijos – imaginen el sonido de un grillo así es nuestra vida social actualmente jajaja, ya ni se molestan en invitarnos ni por respeto, básicamente las pocas veces que nos hemos reunido a sido con amigos que también son padres y alguna que otra visita de un solitario amigo (a) que está advertido que su voz debe estar a nivel cuchicheo para no despertar a mis cachorros.
  • SALIR A COMER: Sin hijos – Un verdadero placer, nos creíamos Luciano de “Viaje y Prueba” porque siempre estábamos en busca de los mejores y escondidos restaurantes para saciar nuestra hambre voraz de deliciosa comida de puro engorde, aquí solo nos turnábamos los diferentes platos que pedíamos para no dejar de probar alguna exquisitez. Con hijos – Buscamos restaurantes que tengan al menos en el menú un plato de comida saludable para nuestros retoños, que sobretodo tengan silla a prueba de bebés, de preferencia que den colores y papel para pintar, y harto espacio para que sus gritos no espanten a la muchedumbre, aquí mi amado esposo come a la velocidad de la luz como si estuviera en algún concurso mientras yo doy de comer a mis criaturitas para luego cambiar de tarea yo como y él alimenta.
  • SEXO: Sin hijos – A cualquier hora solo bastaba que se te antoje y zas, desde las clásicos rapiditos hasta los largos maratones tipo netflix, sin tapujos, sin miedo a que nos vean, sin ningún tipo de reglas o contraseñas. Con hijos – A escondidas en lugares insospechados, con alguna pose obligadamente inventada porque debes acomodarte como puedes con el tiempo hiperlimitado, con alguna contraseña de que alerten en one de que pequeños ojos saltones están por encontrarnos en algo que pueda traumatizarlos de por vida (imaginate tú ver a tus padres , puajjjj) en donde los rapiditos son tu mejor aliado y por no decir el único que será tu día a día al menos hasta cuando tus hijos esten grandecitos.

Sé que esta lista es corta porque estoy segura que hay muchísimas cosas más que cambian después que reventamos cuál bomba nuclear para dar a luz a nuestros angelitos y que deja a su paso enormes cambios que muchas veces nos agobian o nos vuelven locas pero también nos da la posibilidad de reinventarnos y crear nuevas rutinas que poco a poco se van a ir acoplando a nuestro nuevo estado de “Padres”, lo importante aquí es no olvidar que primero fueron una pareja y darse un espacio para poder disfrutarse juntos como en los viejos tiempos aunque sea con hora de caducidad.

Malel,

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Vacaciones sin descanso

El día que mi marido me propuso armar maletas para disfrutar de unas merecidas vacaciones a Río de Janeiro, lo que primero que visualice era a este cuerpito caribeño desparramado en la arena blanca bebiendo agüita de coco recibiendo aire de los musculosos abanicos de mi amado, imagen que me duró 5 segundos porque luego aparecieron cual película de terror mi terremoto number one siendo absorbido por las olas del mar y mi tesorito de 7 meses metiéndose kilos de arena en la boca; fue en ese preciso instante que tomé del brazo a mi marido y le dije con cara de terror ¿Amor, estás seguro?

Dos  meses después me encontraba sentada encima del equipaje tratando de meter TODO lo indispensable, al final llevé 2 maletones, 1 carry on, 1 minimochila del mayor, 1 bolso para la menor y 2 coches, siii 2 coches cuando le dije a mi espeso digo esposo tampoco estuvo de acuerdo a la primera pero les juro que fue la mejor idea del mundo mundial porque mi niño bonito de 3 años para nada le gusta caminar igualitito a su madre jajaja así como comprenderán no me queda más que entenderlo jaaa. Primera parada Aeropuerto Internacional Jorge Chávez llegamos temprano y armados hasta los dientes con nuestra niñera electrónica alías Netflix, 2 cuentos nuevos, harto aperitivo medio-saludable, todo tipo de mordedores y lo más importante “la santa tetona” esa que calma hasta el más terrible alarido de mi dulce retoño; estuvimos unas horas deambulando con mis pequeños delincuentes que normalmente duermen entre 7 y 8 p.m. exclusivamente ese día se olvidaron de su horario y siguieron bien despiertos hasta mucho después que subimos al avión que fue a las 9:30pm; mi plan infalible de tenerlos dormidos todas las 5 horas y media de vuelo resultó todo lo contrario: mi chibolo de 3 años se la pasó viendo sus vídeos gritando y riéndose a todo pulmón (ya se imaginarán), después cuando por fin cayó de rato en rato se despertaba llorando porque quería su cómoda cama; mi tesorito bueno ella se creía tiburoncito todo lo metía a la boca menos los juguetes que llevé esos ni los miró, ella chapo las instrucciones de vuelo, las revistas, el espaldar del asiento de adelante, hasta que se le ocurrió coger las luces y tuve que tener mis brazos estirados hacia arriba cargando su regordete cuerpo de bebé por un largo tiempo para no espantar a mis vecinos con sus alaridos, hasta que cayó rendida y se durmió. Si se preguntan por nosotros los generadores de esas hermosísimas vidas pues nos las pasamos con caras de ZOMBIES TODITITOOOO el vuelo.

Arribamos a las 4:30 a.m. (en Perú 2:30 a.m.) como el aeropuerto es pequeño no demoramos mucho en salir, tomamos un taxi oficial recomendado por nuestro Anfitrión del departamento que alquilamos por Airbnb y nos en-rumbamos hacia Copacabana. Nos recibió Yuri con una enorme sonrisa, nos ayudó a subir todas las maletas, luego de decirnos todas las reglas, mostrarnos el lugar se despidió y nos dejó para disfrutar de nuestras vacaciones; la verdad es que al menos mi marido y yo queríamos tirarnos a la cama a dormir a pierna suelta, pero no podemos olvidarnos de nuestros angelitos que el Señor Dios nos ha encomendado, así que acomodé todo en los cajones del closet, baño, etc. para estar los más cómodos posibles mientras papá en modo zombie entretenía a los dos que mágicamente no les afecto el cambio de horario y estaban más que despiertos. Cada uno chapo un hijo los bañamos, nos bañamos y salimos a comprar al supermercado que estaba exactamente a 1 cuadra, compramos todo lo necesario para preparar los desayunos y cenas más fáciles del planeta (no había forma que cocinara almuerzos, salvo a mi gorda); luego del rico desayuno nos dimos cuenta que nuestros celulares estaban a punto de fallecer y ohhh sorpresa el voltaje era diferente al de Perú, así que salimos en busca de un adaptador de paso que conocíamos el vecindario (estábamos a 1 cuadra del la playa), lo compramos, lo probamos y nos estafaron!! Así que mejor buscamos un lugar para almorzar y ahogar nuestras penas, regresamos a casa con los nenes dormidos ¡Aleluya! para no despertarlos ni los movimos los dejamos en sus coches no podíamos jugarnos la vida y por fin sentimos la suavidad de una cama e inmediatamente caímos en los dulces brazos de Morfeo hasta que veinte minutos después escuché el llanto de mi angelita, la saqué, la abracé, le enchufe la teta y dormimos juntitas, mientras papá hizo lo propio con el de tres.

Día dos, nos fuimos al Acua Río a pedido de mi brillante niño que desde que vio Blippi en el acuario de Florida nos tenía secos con conocerlo, todo el viaje a cada ser humano que pasaba por su lado le decía “estoy yendo al acuario de Florida”, por más que lo corregía no había forma él estaba en Miami jajaja. Realmente lo pasamos bien, sobretodo él que no podía más con la emoción hasta decía que el tiburón que venía mostrando sus enormes dientes hacia nosotros le estaba sonriendo porque estaba feliz de verlo. Cuando regresamos tomamos un taxi en el interior del acuario y conocimos a nuestro nuevo amigo João, fue nuestro ángel caído del cielo, no había conocido antes a una persona tan amable y presto en ayudarnos en todo, fue nuestro compañero en todos los lugares que conocimos en los sucesivos días.

Con João conocimos muchos lugares con la tranquilidad de que podíamos dejar nuestras cosas (que no eran pocas) sin estar cargándolas por todos lados, y por cada parada turística solo poníamos en la mochilita pequeña algunas cosas para el tiempo que nos íbamos a demorar conociendo, lo interesante de esto es que si tienen hijos Río aunque no lo crean es ideal porque todas las atracciones turísticas tienen acceso para coches, sillas de ruedas, etc, por lo que te facilita la vida, además que tienes prioridad en todo y siempre serás el primero en entrar sin soplarte las largas colas.

Uno de esos días de visitas nos dimos cuenta que mi gordita estaba escaldada, la crema que normalmente usaba no hacía efecto por lo que le pedí a nuestro buen amigo nos ayudara a buscar manzanilla, el pobre no tenía idea de lo que era, con el portuñol que hablábamos me entendió que era margaritas, igual él nos llevó a todos las tiendas orgánicas (por cierto hay en cada esquina), hasta que me pidió la foto de lo que buscaba y finalmente lo consiguió “era camomila, camomila, senhora” me dijo; llegamos al apartamento y de frente agarré a mi niña la lavé con ella, y la tuve sin pañal todos los siguientes días hasta que nos regresamos, por lo que para poder seguir paseando tuvimos que comprar protector de sábanas que primero lo colocábamos en su cochecito y en la cama, pero que después de que mi esposito recibiera el premio mayor de un oloroso “chocolate kiss” lo comenzamos a llevar y usar por donde estuviera ella (encima de nuestra ropa, encima del sofá, encima de los asientos), realmente fue un hit mi gorda se alivió pronto.

Los últimos días íbamos a la playa de Copacabana entre 6 y 9 a.m. y 4:30 y 6:30 p.m. para que ELLOS disfrutaran del delicioso clima, porque lo que recuerdo es al mayor corriendo sin parar por la playa, su papá corriendo como loco atrás de él, yo con mi beba en brazos en cuclillas para que ella sintiera por primera vez la suavidad de la arena y el mar, se orinaba y cambio de ropa, así una y otra vez; luego de tener la espalda totalmente comprimida recibía a mi terremotito con su vocecita suplicante que me meta al mar con él así que tenía que despojarme de mi protectora ropa y mostrar al mundo mi rellenito cuerpo bien taipá y lanzarme cual malagua a seguir con mi espalda doblada para hacerlo saltar sin parar las pequeñas olas que llegaban a la orilla. Todo esto sucedía alternando a nuestros hijos para que ambos recibamos por igual la bendición de ser padres.

Regresamos a Perú a las 5 a.m., esta vez por obra y gracia del espíritu santo mis angelitos durmieron casi todo el vuelo, llegamos a nuestra querido hogar dulce hogar y lo primero que hicimos fue alimentarnos, entregarles a su nana y bendecirla enormemente por su existencia. ¿Qué si volvería a viajar al exterior con ellos? claro que sí, díganme masoquista pero cada vez que siento mi espalda y mis piernas adoloridas aparecen esas sonrisas de mis pequeños y se los juro que se me pasa naaaa igual me sigue doliendo pero estoy segura que cada minuto de esos momentos de felicidad que atesoro con miles de fotos y vídeos siii que valieron la pena!

 

Malel,