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Un oso y una hippie

Cuando cursaba mis estudios superiores, miraba enviciada mal “Sex and the city” es que yo me soñaba siendo Tía alcanzando el éxito empresarial , sin marido ni mucho menos hijos; quién diría que unos cuántos años después Dios me escupió del cielo a un chico bajito, con cejas pobladas y pestañas inmensas a conquistar mi corazón de piedra, y que luego de 2 años de feliz matrimonio, un diagnóstico de un médico con nariz de pinocho “al parecer tus trompas están atrofiadas, quieren tener hijos?, es posible que no los puedan tener”, miles de exámenes médicos, una nueva doctora, una menstruación dolorosa y una ecografía después nos anunciaban que si podía, prueba de ello tenía en mi vientre una criatura del tamaño de la uña de mi dedo meñique. Y fue ahí la primera vez que lloré por la bendición de ser madre, sin saber que esas lágrimas serían las primeras de muchas, porque en la maternidad una llora hasta cuando tu hijo hace caca por fin en su bacinica.

Llena de miedo y de mil preguntas, 9 meses después llegó mi oso, lo escuché, lo vi, me llené de una ternura inexistente hasta ese momento en mi, lo llevaron, y luego en la tranquilidad de mi habitación lo trajeron cambiadito, listo para comer, lo miré con todo el amor del mundo pero también con harto miedo, lo podré sostener? se me resbalará? cómo lo cambio?, se romperá?, hasta que me lo entregaron, y el miedo desapareció por un instante, le ofrecí mi seno y el conectó de inmediato, yo estaba maravillada, hasta que llegó la madrugada en que despertaba cada dos horas para darle teta, llantos que me partía el corazón, el cerebro y todo mi cuerpo; luego caí en cuenta que unas horas después debía irme junto con mi maredo y la bendición fruto de nuestro insaciable amor, y el terror regreso a mi regordete cuerpo, y ahora? quién podrá ayudarnos? y llegó chapulín que digo mi mamá, sinceramente sin su ayuda hubiera huido a una isla sin descubrir. Luego de 1 mes aprendiendo el arte de cuidar a un recién nacido, mi madre se despidió con un beso, encomendando a su nieto al de arriba para que lo protejan de ésta madre primeriza, muerta de miedo, con un nudo en la garganta le dije “vuelve pronto” que más bien era un ruego ahogado. Pasaron los días, meses y cada día aprendía junto a mi “oso de ensayo”, millones de lágrimas asomaron de mis ojos, unos de felicidad, otras de miedo, otras de puro cansancio y frustración, había caído completita en las redes de la maternidad, que difícil situación me decía, yo ni en mi más remota idea pensé llegar hasta ese momento, me sentía estafada por esas películas gringas del mal, cómo era posible todo esto? y se agravó peor cuando me fui a trabajar digo que clase de bipolaridad era ésta? antes rogaba por un minuto de paz, lejos de babas, pañales apestosos, llantos, y ahí me encontraba sentada en mi escritorio llorando a mares porque lo extrañaba todo de él, mirando cada 2 minutos mi móvil para ver las cámaras, y suplicando que las horas pasaran volando para poder por fin sentirlo en mi brazos.

Y pasaron los meses, los meses se convirtieron en años, los años se convirtieron en preguntas más constantes “y para cuando el hermanito(a)?”, créanme que cada vez que escuchaba esa pregunta se me erizaba el cuerpo, uno porque quería meterles palo, y otra porque me decía si con uno me estoy muriendo en vida, con dos me aloco; luego de una sonrisa hipócrita, una voz en mi interior que mencionaba a su viejita con unos cuantos ajos y mieles, y mi boca decir : “no, estamos bien con nuestro osito, pero gracias por la pregunta” mientras tanto ya habíamos maquinado y ejecutado una huida magistral al estilo #lacasadepapel. Así pasaron exactamente dos años y 3 meses, en que a modo de broma le dije inocentemente a mi maredo que comprara una prueba de embarazo porque no me bajaba mi mes, toma!! chistosa, dos nítidos palitos asomaron sonrientes en dicha prueba y anunciaba mi segundo embarazo, luego de mi caída estrepitosa a lo condorito plop!, fuimos aún incrédulos a confesarnos con mi doctora, una ecografía confirmaba que tenía un frijol rebelde en mi vientre. La escena era muy parecida a la de #bingbangtheory donde Bernadette era mi doctora anunciando el segundo embarazo y Howard éramos nosotros en completa negación, la verdad es que estaba asustada y ahora que me hago con dos?, mi oso sufrirá?, podré tener la misma cantidad de amor por ambos?, sobreviviré?, luego de casi seis meses de vomitar hasta el aire que respiro, dos meses más donde mi barriga creció sin fin, nació mi pequeña hippie dispuesta a revolucionar nuestras vidas completamente. Al igual que su hermano, la escuché, la miré y sentí la misma ternura que la primera vez, los miedos ya no eran los mismos, eran otros, totalmente distintos, lo principal como iba a partirme en dos para que el mayor no sintiera mi ausencia.

Han pasado 19 meses desde que la bimaternidad llegó a mi vida, vengo lidiando con un pequeño oso que al convertirse en hermano mayor nació en él sus ganas de “experimentar y de sumergirse en su mundo” a tal punto de no escucharnos, puede mirarte fijamente mientras le dices que “eso no esta bien”, ver su rostro asentir como diciendo “si tienes razón” y hasta escuchar “disculpa mami” terminado esto, medio segundo después repetir el acto sin remordimientos con una pequeña sonrisa maquiavélica como diciendo “a que no te lo esperabas”. Sus muestras de cariño a su menor, son abrazos del tipo ahorcamiento o apretujones cachetiales que son respondidos por gritos de su consaguínea y sus propios gritos porque sintió a la baby shark encrustada en su piel. Los momentos de paz mental vienen acompañados de un disco rayado con volumen de 30 repitiendo una y otra vez la pregunta del día que harta de responder equivocadamente alguna vez abrí a mi pata google para que me ayudara, lo que produjo que ahora que me pregunta algo si me ve que respondo escuetamente, o trato de alargar el tema con algún tipo de palabreo “mmm”, “este”, “espera” “un minuto”, entre otros, me mira y me dice “mami, pregunta a mister google” porque tu no sabes”, seguido de otras mil repeticiones que suenan como pito en mi cabeza hasta que cansada debo parar de hacer lo que estaba haciendo para detenerme a buscar la información para que minutos después se le ocurra una “nueva pregunta” y volvamos a repetir la misma historia. Luego pasamos a su siguiente entretenimiento “arrebatar los juguetes de su hermana”, seguidos de nuevas amonestaciones y más llantos. Ni que decir de mi hippie dicen que los hijos son el espejo de uno, y vaya que ella salió idéntica a este pechito, empezando que desde que aprendió a comer vengo luchando una batalla que llevo de título “I’m Loser”, es que por más que me esmero la muchacha solo come de acuerdo a su humor; por otro lado sino está montada encima mío tomando teta cada 5 minutos como descocida, pues está de pegaloco con su hermano, si él coge un juguete automáticamente ella lo quiere siendo exigido a puro grito con un dedo acusete y llanto agudo, lo que genera que su hermano con la cara de angelito le pase por la cara el juguete y salga corriendo con el botín, seguido de más gritos y más llantos de la chiquilla. A ella no se le puede decir nada de nada, porque es respondido toda enojada inmediatamente por su nuevo idioma Filipino, además que parte de su comunicación básica es moder, lo hace si el hermano le está haciendo algo o si ésta mala madre se distrae o si cualquier exigencia suya no es atendida, zas!. Cabe resaltar que la muchacha me ha salido persistente, un “no” por respuesta le vale, ella insiste puede pasar horas desde que le negaste “algo” y al mero descuido ya lo tiene tocando con sus manos, unos ojos retadores, y una palabras terroríficas ” esho no” anuncian que lo peor esta por pasar y que debo que correr a lo Mario bros atrás de ella. Es que la muchachita se manda sola y nos tiene al límite todo el tiempo, o vamos a su ritmo o nos quedamos bien atrás, claro ejemplo es cuando vamos a pasear si ella se fijó en un camino regresará e intentará ir al lugar una y otra vez por más que ya estemos a miles cuadras. La niña es tan rebelde que se negaba a decirnos mami o papi a pesar de que su hermano puede repetir un millón de veces dichos “nobles títulos” en un sólo minuto, ella decidió decirnos “amor” y “totó” respectivamente hasta que exactamente hace unos 5 días decidió hacer coro a su hermano y anda bien campante gritando a los 4 vientos “mami” acompañado de unas lágrimas de cocodrilo sino es tomada en brazos de inmediato y empujando a cualquiera que ose interponerse en su camino, cierto es que los papi los usa cuando me encuentro encerrada en el baño sin ganas de salir por un mes entero.

A ésta altura de mi vida, quiero levantar mi banderita blanca y gritar “me rindo” luego los miro teniendo esos momentos de “peace and love” y se me pasa, estoy claramente agotada, cansada y hasta frustada, lidiar con dos chikiterroristas me tienen al borde del colapso nervioso, es increíble que ni en mi peores épocas laborales me haya sentido así tan abrumada pero sé también que todos esos “horrores” que les cuento en un futuro no muy lejano serán mis recuerdos más valiosos, y que seguro al recordarlas esbozaré una nostálgica sonrisa, el tiempo pasa muy rápido y aunque a veces fantaseo con la idea de que ya están grandes mientras tanto mi marido y yo estamos en una isla paradisiaca, lo cierto es que no quiero que crezcan porque con ellos he aprendido más que en mis años de carrera profesional, he desarrollado mi paciencia solo me falta tantito para veatizarme, he vuelto ha ser niña otra vez, preguntenme sobre dinosaurios, planetas, animales, insectos, etc que ahora soy un diccionario andante, me he convertido en la mujer más práctica del mundo no hay nada que un pañito húmedo, saliva, silicona, aguja o un cuento inventado no solucione, me he vuelto multifacética puedo estar con la hippie en un brazo, mientras que con el oso pinto, de paso que hecho una ojeada a la cocina y voy limpiando poco a poco el desorden, a cualquier lugar que llego puedo visualizar al estilo de Terminator y detectar todos los puntos de peligro, y así puedo enumerar muchos atributos más …

Leo lo que escribo y puedo decir que de alguna extraña forma un oso y una hippie completaron mi vida llenándola de complicadísimos retos pero también de mucho amor y felicidad porque la bimaternidad me ha quitado varias cosas pero también me ha dado otras tantas, sobretodo es que con ellos aprendí  el significado de amar de una manera incondicional y total. Y aunque seguiré fantaseando con alguna hermosa playa, se qué al despertar mi amor por ellos hará que mágicamente todo lo caótico desaparezca y finalmente la calma vestida de caritas sonrientes regrese aunque sea por unos valiosos minutos!

Malel,

 

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Vacaciones sin descanso

El día que mi marido me propuso armar maletas para disfrutar de unas merecidas vacaciones a Río de Janeiro, lo que primero que visualice era a este cuerpito caribeño desparramado en la arena blanca bebiendo agüita de coco recibiendo aire de los musculosos abanicos de mi amado, imagen que me duró 5 segundos porque luego aparecieron cual película de terror mi terremoto number one siendo absorbido por las olas del mar y mi tesorito de 7 meses metiéndose kilos de arena en la boca; fue en ese preciso instante que tomé del brazo a mi marido y le dije con cara de terror ¿Amor, estás seguro?

Dos  meses después me encontraba sentada encima del equipaje tratando de meter TODO lo indispensable, al final llevé 2 maletones, 1 carry on, 1 minimochila del mayor, 1 bolso para la menor y 2 coches, siii 2 coches cuando le dije a mi espeso digo esposo tampoco estuvo de acuerdo a la primera pero les juro que fue la mejor idea del mundo mundial porque mi niño bonito de 3 años para nada le gusta caminar igualitito a su madre jajaja así como comprenderán no me queda más que entenderlo jaaa. Primera parada Aeropuerto Internacional Jorge Chávez llegamos temprano y armados hasta los dientes con nuestra niñera electrónica alías Netflix, 2 cuentos nuevos, harto aperitivo medio-saludable, todo tipo de mordedores y lo más importante “la santa tetona” esa que calma hasta el más terrible alarido de mi dulce retoño; estuvimos unas horas deambulando con mis pequeños delincuentes que normalmente duermen entre 7 y 8 p.m. exclusivamente ese día se olvidaron de su horario y siguieron bien despiertos hasta mucho después que subimos al avión que fue a las 9:30pm; mi plan infalible de tenerlos dormidos todas las 5 horas y media de vuelo resultó todo lo contrario: mi chibolo de 3 años se la pasó viendo sus vídeos gritando y riéndose a todo pulmón (ya se imaginarán), después cuando por fin cayó de rato en rato se despertaba llorando porque quería su cómoda cama; mi tesorito bueno ella se creía tiburoncito todo lo metía a la boca menos los juguetes que llevé esos ni los miró, ella chapo las instrucciones de vuelo, las revistas, el espaldar del asiento de adelante, hasta que se le ocurrió coger las luces y tuve que tener mis brazos estirados hacia arriba cargando su regordete cuerpo de bebé por un largo tiempo para no espantar a mis vecinos con sus alaridos, hasta que cayó rendida y se durmió. Si se preguntan por nosotros los generadores de esas hermosísimas vidas pues nos las pasamos con caras de ZOMBIES TODITITOOOO el vuelo.

Arribamos a las 4:30 a.m. (en Perú 2:30 a.m.) como el aeropuerto es pequeño no demoramos mucho en salir, tomamos un taxi oficial recomendado por nuestro Anfitrión del departamento que alquilamos por Airbnb y nos en-rumbamos hacia Copacabana. Nos recibió Yuri con una enorme sonrisa, nos ayudó a subir todas las maletas, luego de decirnos todas las reglas, mostrarnos el lugar se despidió y nos dejó para disfrutar de nuestras vacaciones; la verdad es que al menos mi marido y yo queríamos tirarnos a la cama a dormir a pierna suelta, pero no podemos olvidarnos de nuestros angelitos que el Señor Dios nos ha encomendado, así que acomodé todo en los cajones del closet, baño, etc. para estar los más cómodos posibles mientras papá en modo zombie entretenía a los dos que mágicamente no les afecto el cambio de horario y estaban más que despiertos. Cada uno chapo un hijo los bañamos, nos bañamos y salimos a comprar al supermercado que estaba exactamente a 1 cuadra, compramos todo lo necesario para preparar los desayunos y cenas más fáciles del planeta (no había forma que cocinara almuerzos, salvo a mi gorda); luego del rico desayuno nos dimos cuenta que nuestros celulares estaban a punto de fallecer y ohhh sorpresa el voltaje era diferente al de Perú, así que salimos en busca de un adaptador de paso que conocíamos el vecindario (estábamos a 1 cuadra del la playa), lo compramos, lo probamos y nos estafaron!! Así que mejor buscamos un lugar para almorzar y ahogar nuestras penas, regresamos a casa con los nenes dormidos ¡Aleluya! para no despertarlos ni los movimos los dejamos en sus coches no podíamos jugarnos la vida y por fin sentimos la suavidad de una cama e inmediatamente caímos en los dulces brazos de Morfeo hasta que veinte minutos después escuché el llanto de mi angelita, la saqué, la abracé, le enchufe la teta y dormimos juntitas, mientras papá hizo lo propio con el de tres.

Día dos, nos fuimos al Acua Río a pedido de mi brillante niño que desde que vio Blippi en el acuario de Florida nos tenía secos con conocerlo, todo el viaje a cada ser humano que pasaba por su lado le decía “estoy yendo al acuario de Florida”, por más que lo corregía no había forma él estaba en Miami jajaja. Realmente lo pasamos bien, sobretodo él que no podía más con la emoción hasta decía que el tiburón que venía mostrando sus enormes dientes hacia nosotros le estaba sonriendo porque estaba feliz de verlo. Cuando regresamos tomamos un taxi en el interior del acuario y conocimos a nuestro nuevo amigo João, fue nuestro ángel caído del cielo, no había conocido antes a una persona tan amable y presto en ayudarnos en todo, fue nuestro compañero en todos los lugares que conocimos en los sucesivos días.

Con João conocimos muchos lugares con la tranquilidad de que podíamos dejar nuestras cosas (que no eran pocas) sin estar cargándolas por todos lados, y por cada parada turística solo poníamos en la mochilita pequeña algunas cosas para el tiempo que nos íbamos a demorar conociendo, lo interesante de esto es que si tienen hijos Río aunque no lo crean es ideal porque todas las atracciones turísticas tienen acceso para coches, sillas de ruedas, etc, por lo que te facilita la vida, además que tienes prioridad en todo y siempre serás el primero en entrar sin soplarte las largas colas.

Uno de esos días de visitas nos dimos cuenta que mi gordita estaba escaldada, la crema que normalmente usaba no hacía efecto por lo que le pedí a nuestro buen amigo nos ayudara a buscar manzanilla, el pobre no tenía idea de lo que era, con el portuñol que hablábamos me entendió que era margaritas, igual él nos llevó a todos las tiendas orgánicas (por cierto hay en cada esquina), hasta que me pidió la foto de lo que buscaba y finalmente lo consiguió “era camomila, camomila, senhora” me dijo; llegamos al apartamento y de frente agarré a mi niña la lavé con ella, y la tuve sin pañal todos los siguientes días hasta que nos regresamos, por lo que para poder seguir paseando tuvimos que comprar protector de sábanas que primero lo colocábamos en su cochecito y en la cama, pero que después de que mi esposito recibiera el premio mayor de un oloroso “chocolate kiss” lo comenzamos a llevar y usar por donde estuviera ella (encima de nuestra ropa, encima del sofá, encima de los asientos), realmente fue un hit mi gorda se alivió pronto.

Los últimos días íbamos a la playa de Copacabana entre 6 y 9 a.m. y 4:30 y 6:30 p.m. para que ELLOS disfrutaran del delicioso clima, porque lo que recuerdo es al mayor corriendo sin parar por la playa, su papá corriendo como loco atrás de él, yo con mi beba en brazos en cuclillas para que ella sintiera por primera vez la suavidad de la arena y el mar, se orinaba y cambio de ropa, así una y otra vez; luego de tener la espalda totalmente comprimida recibía a mi terremotito con su vocecita suplicante que me meta al mar con él así que tenía que despojarme de mi protectora ropa y mostrar al mundo mi rellenito cuerpo bien taipá y lanzarme cual malagua a seguir con mi espalda doblada para hacerlo saltar sin parar las pequeñas olas que llegaban a la orilla. Todo esto sucedía alternando a nuestros hijos para que ambos recibamos por igual la bendición de ser padres.

Regresamos a Perú a las 5 a.m., esta vez por obra y gracia del espíritu santo mis angelitos durmieron casi todo el vuelo, llegamos a nuestra querido hogar dulce hogar y lo primero que hicimos fue alimentarnos, entregarles a su nana y bendecirla enormemente por su existencia. ¿Qué si volvería a viajar al exterior con ellos? claro que sí, díganme masoquista pero cada vez que siento mi espalda y mis piernas adoloridas aparecen esas sonrisas de mis pequeños y se los juro que se me pasa naaaa igual me sigue doliendo pero estoy segura que cada minuto de esos momentos de felicidad que atesoro con miles de fotos y vídeos siii que valieron la pena!

 

Malel,